“a qué te dedicas” es el nuevo “quién eres”

diciembre 10, 2011 en Psicología, Reflexión, Sociedad

No hay una pregunta más actual que “¿A qué te dedicas?”

Es lo suficientemente segura como para iniciar una conversación con un extraño, lo suficientemente universal para que cualquiera pueda contestarla y llega justo al punto más importante de nuestra cultura: el dinero. La pregunta no suena como una frase tomada del manifiesto de La avaricia es buena, de Gordon Gekko (el personaje de la película de Oliver Stone, El poder y la avaricia), pero la realidad es que desecha la cortesía y se dirige justo al centro de las finanzas de alguien; revela su lugar en la jerarquía social y por lo tanto da una idea, de qué tan felices pueden o no ser.

Desde finales del siglo 20, ¿A qué te dedicas? Dejó de ser una pregunta sobre la manera como alguien pasa su tiempo durante las horas laborales normales y en lugar de eso sirve como un forma un poco molesta, pero socialmente aceptable, de recordarnos las cosas que no tenemos o que nunca tendremos. Podemos entender que el dinero no compra la felicidad, pero durante las últimas décadas esa idea compite contra el mensaje que a cada paso nos dice que no podemos ser felices sin él. Esta dicotomía desconectó lentamente al sueño estadounidense de la idea de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad y se adhirió a la capacidad de uno de ascender en la escala social.

Si estás en un bar y la respuesta de la otra persona es, “soy un abogado”, las personas alrededor generalmente asumen que esa persona gana mucho dinero, conduce un automóvil de lujo y no vive al día. Es feliz, si tú quieres.Obviamente no es la misma visión optimista que las personas tienen si alguien responde ”trabajo en McDonald’s” (si la persona que trabaja en McDonald’s realmente lo dice). En nuestra cultura, el valor de una persona se vincula con su profesión; mientras más alto sea el perfil o el sueldo, se valora más al individuo como persona, y asumimos que es más feliz. Y por desgracia también sucede lo contrario. Lee el resto de esta entrada →