La memoria de los vencidos

enero 11, 2011 en Filosofía, Política, Sociedad

Walter  Benjamin hace una propuesta  concreta sobre cuáles son las repercusiones sociales de la universalización de conceptos, de su abstracción, y de la razón dominante, para así  hacer un nuevo planteamiento de lo que es la justicia, o de cómo ésta debería funcionar. En primer lugar, Benjamin continúa con la crítica a la universalidad. Afirma que la universalidad es la mayor debilidad del pensamiento ilustrado por ser un concepto vacío, que se encuentra muy alejado del individuo concreto del que Lévinas hablaba, y el cual ha sido usado para justificar el rechazo a la diferencia y para reforzar la exclusión. Así que lo que propone es la construcción de una universalidad que sí sea incluyente, y que para que tenga esa característica, sólo puede ser pensada desde la marginalidad. “La exterioridad, lo ajeno con respecto al sistema, lo que queda fuera desde la perspectiva hegeliana es Nada, ya que el pensar absoluto es perfecta coincidencia con el ser absoluto y constituye la Totalidad o la Mismidad.”

Por otra parte, Benjamin no está de acuerdo con la concepción que tiene la racionalidad ilustrada de la historia, que no es más que un camino recto hacia una meta final, es una continuidad a la que se le “opone la idea de un tiempo discontinuo en el que las rupturas son más prometedoras que la homogeneidad.” Busca sustituir la noción lineal del tiempo “que vacía al presente de la capacidad revolucionaria por la idea de que el presente tiene una capacidad revolucionaria que consiste en la irrupción en él de un pasado inédito”.

Según Reyes Mate hay dos maneras de abordar la historia: como lo hace la ciencia o como lo permite la memoria. Para la ciencia, el pasado de los vencidos es asunto cerrado; no siendo así para la memoria, pues ésta sí puede reconocer derechos pendientes, por más que el deudor no pueda pagar. La víctima tiene derecho a la vida aunque el verdugo no pueda resucitarla.

Y sucede que, para Benjamin, la política tiene primacía sobre la historia, pues el pasado exige cuentas, y la memoria es que la está encargada de recordar ese esta parte olvidada, que es la historia de los vencidos. Y el modelo occidental de historia lo que hace es excluir la memoria colectiva de los fracasos, pues se centra en únicamente en los triunfos, y por ende, en los triunfadores. La historia está escrita desde la perspectiva de quien está en el poder. Como consecuencia de esto, se ocultan y niegan los derechos de los vencidos. Sin embargo, las injusticias precedentes no son más que producto de decisiones históricas, lo que significa que pueden cambiar, pues la historia es una creación.

Ahora, el hecho de criticar al progreso, no tiene por qué llevar a Benjamin a un pesimismo, sino que por el contrario, surge como categoría histórica la esperanza: sólo así la redención es posible en cada instante del tiempo. Hay que aclarar que Benjamin no está en contra del progreso, sino  con esa pretensión de ocultar el fracaso o el sufrimiento. Así que de lo que Benjamin nos está hablando es de ese pasado político que además de tener el deber de develar la injusticia, tiene que impedir la reproducción de ésta mediante la creación de un presente con las condiciones sociales adecuadas.