Caridad: ama al prójimo como a ti mismo

enero 16, 2011 en Causas, Filosofía, Teoría de la Religión

En principio me gustaría aclarar que el presente ensayo no tiene pretensiones de dar supremacía a una religión sobre cualquier otra. Sin embargo, he de decir que según el concepto de caridad que aquí se manejará parece que la tendencia del ensayo es netamente católica. He de confesar que esa nunca fue mi intención, pero que conforme se fue desarrollando la idea lo único que invadía mi mente eran algunos de los preceptos fundamentales del catolicismo. Ello se deba quizá a la convivencia que con esta religión he tenido por el país del que soy, aún así he de confesar que yo no practicó dicha religión, pero que sus preceptos me parecen por demás importantes e interesantes, sobre todo en cuanto a lo que el tema que tocaré se refiere.  Espero que aunque haga constantes referencias a esta religión se entienda que la pretensión del ensayo supera el desarrollo de un tema dentro de una Iglesia específica. Lo que se busca realmente es dar una idea de lo que por caridad  debemos entender y la universalidad que de ella se pretende.  La caridad es paciente, es benigna: la caridad no es envidiosa, no obra precipitadamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca sus provechos, no mueve a ira, no piensa mal, no se goza de la iniquidad, mas se goza de la verdad: todo lo sobrelleva, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (I Cor XIII, 4-7) 

En primera instancia me pregunto si la caridad es algo sobre lo que se puede decir algo que no haya sido dicho ya, o no sólo que haya sido dicho ¿se puede decir algo sobre la mayor virtud humana? Decidí realizar este ensayo porque como ya lo dijo San Pablo, y yo concuerdo,  es la mayor virtud de la cual puede gozar un hombre.  Ahora bien, he de confesar que la palabra virtud me parece limitante para la caridad, por ello he de exponer la concepción que de ella yo tengo. Si he de definir la caridad para fines de que este ensayo sea mejor entendido he de decir que es sentimiento que se  vuelca en la praxis de mí hacia el prójimo; un vuelco de un yo que no pretende para sí mismo más que para los demás, y que es capaz de renunciar a su propio beneficio por amor al prójimo. 

La caridad lo hace todo en concordia. (San Clemente Romano, p 120) 

Una vez habiendo dicho lo anterior se vislumbra que la caridad se mueve bajo un principio básico, el cual es norma de la religión católica, pero como la caridad no entiende de fronteras religiosas se traspasa para todos los hombres. Este principio es “amarás al prójimo como a ti mismo”. En primera instancia parece fácil el acceso a la caridad pero poco a poco veremos todas las dificultades que para el ego humano ésta implica. 

Lo que pretendo exponer es que la caridad es una virtud exigente, demandante, que no promete nada a cambio. Y ahora se nos plantea la pregunta cuántos de nosotros estamos dispuestos a dar a sabiendas de que podemos no recibir algo a cambio. Y no sólo es que  puede ser que no recibamos algo bueno, sino que puede ser que recibamos el opuesto de lo que damos.  Y aún así, recibiendo justo lo contario de lo que dimos debe seguir la caridad haciendo frente y permitiendo, algunas veces, lo impermitible. La caridad es una forma de vida irrenunciable, que una vez asumida no pide más que manifestarse en todas las acciones y de todas las maneras posibles. La caridad no es aquel buen acto que hacemos de vez en cuando, no, la caridad es una propiedad que permanecerá en cada una de las acciones hechas. Es el amor hecho hombre y manifestándose a los demás de forma irremediable e irreductible. 

A tu gracia atribuyo también todo lo que no he hecho de malo. (San Agustín, p 35) 

Ahora bien, haré una referencia a la película Dogville, de Lars Von Trier. He de explicar que todo lo que de la caridad se ha dicho hasta ahora puede ser, evidentemente, observado en el personaje de Grace. Aunque cabe hacer una aclaración, según la película Grace es capaz de vivir la caridad porque tiene la gracia divina. De aquí se desprende la problemática teológica de qué es la gracia. Algunos entienden por gracia algo dado por Dios a aquellas personas que han de salvarse. Bajo el entendido de que el presente ensayo no es sobre la gracia, expondré sólo algunos puntos al respecto. La gracia es el poder ilimitado que tienen los seres humanos de poder dar y expresar  amor en su estado más puro y natural. La gracia implica también el amor divino, que no se expresa en prácticas religiosas sino en la visión del prójimo desde el punto de vista de la caridad, pero bajo el entendido de que hay un Dios que nos supera en todo sentido. 

Se entiende entonces, que la gracia es aquello que algunos hombres tienen el don de poseer y por tanto ejercerlo en la praxis que, bajo mi visión, sería la caridad. Y ello se va también en la película, el único personaje que demuestra ser caritativo a lo largo de toda la cinta es aquel que tiene por nombre Grace (gracia). Ahora bien, si por Dios entendemos un ser supremos que carece de todo adjetivo por no ser un concepto, sino que supera todo aquello que el lenguaje tiene como implicaciones, no podríamos entender un Dios que da la gracia a algunos y a otros no. Aún así, cabe la duda de porque si todos tenemos la gracia unos la ejercen y otros no. Bueno parecería que ahora estamos entrando en el terreno de la libertad y como ello no responde a lo que este ensayo pretende no basta mas que decir que, bajo mi perspectiva, todos tenemos la gracia pero unos deciden no vivirla y ejercerla. 

Si he introducido la gracia en este ensayo es porque me parece que el ejercicio de la gracia se da en la caridad. Si tratará de explicarlo en términos metafísicos la gracia sería la potencia y la caridad  el acto. Por lo tanto, entiendo que todo hombre tiene la posibilidad de ser caritativo, pero muchos deciden no hacerlo. Así, como todos tenemos muchas potencias que decidimos voluntariamente no ejercitar. De esta manera me parece que se entiende el porqué la gracia no es algo que Dios otorga exclusivamente a algunos, sino que es una elección de la libertad el que algunos la vivan y otros no. 

Bendecid a los que os maldicen y orad por vuestros enemigos, y aun ayunad por los que os persiguen… mas vosotros amad a los que os aborrecen y no tendréis enemigos. (Didaché, p 16-27) 

Una vez aclarado lo anterior, lo cual me pareció pertinente hacer. Es tiempo de explicar qué hace a Grace ser una persona caritativa. He dicho ya que  Grace ejemplifica a la caridad en todas sus facetas. Con ello me refiero a que es capaz de dar todo lo que de sí misma puede dar, y aún más allá de lo que su cuerpo le permite. Todo en pos del bienestar de los demás, todo en pos de adquirir un amor que ella ha dado y demostrado de la mejor forma posible. Ahora bien, una persona caritativa sí pretende recibir algo a cambio de lo que da, pero el punto central es que si no recibe aquello que pretende ello no le lleva a una negación de lo que ha dado, sino que continua dándolo de la mejor forma posible. Así, la persona caritativa, como lo vemos en la película no escatima en el amor que da a los demás, lo da incondicionalmente de aquello que le sea dado. 

 La caridad y el principio por el que se rige (amarás al prójimo como a ti mismo) nos lleva a una nueva conclusión. Aquella persona que vive la caridad tiene el poder de amor a aquellos que le han procurado el mal. En resumidas cuentas, como lo percibe la religión católica, se debe amar hasta al enemigo. Me parece que no hay sentencia más difícil de cumplir, sobretodo en un mundo donde el individualismo se encuentra exacerbado.  Hoy que la idea de comunidad se encuentra por demás lejana a la vida diaria, parece imposible la idea de amar a aquel que nos hizo daño, o aquel al que sólo hemos visto y veremos una vez en la vida o a aquel que se encuentra tan lejano a nosotros que lo que suceda parece no tener repercusión en nuestras vidas. Definitivamente, la propuesta de la caridad supera las barreras del egoísmo, individualismo y de la lejanía. En este momento me gustaría comparar a la caridad con lo que en Física se entiende como el efecto mariposa, así el amor que yo dé en un lugar puede, sin yo saberlo, llegar hasta el otro lado del mundo. Uno nunca sabe si un destello de amor es capaz de atravesar el centro de la Tierra y manifestarse en otro lado. 

Ahora bien, parece que hay algo que la caridad no puede dejar a un lado, sobretodo si hemos entendido que se debe amar al enemigo. Por supuesto, me refiero al perdón. La caridad sin el perdón es impensable. Hemos dicho, que se debe tener amor al enemigo y este amor no se podría lograr si no podemos perdonar lo que el prójimo nos ha hecho, por ello es requisito indispensable la capacidad de perdón. 

Hijo mío, huye de todo mal y de cuanto se asemeje al mal. (Didaché, p 30) 

Hasta ahora hemos visto que la caridad tiene muchas cualidades e infinidad de características, pero como vivimos en un mundo utilitarista, parece que necesitamos encontrarle algún sentido para realizar todo esto. Y bueno he de confesar, que aunque yo lo creía imposible la caridad puede ser útil. La utilidad de la caridad (desde mi perspectiva) la desarrolla J.L. Marion en su texto Prolegómenos a la caridad. La caridad es la máxima posibilidad de eliminación del mal. Si entendemos que en la caridad hay un amor al prójimo incondicional y que se asume el perdón como estilo de vida, en primera instancia el mal no debería de darse. Pero a sabiendas de que ello es prácticamente imposible, lo que sucedería sería que el mal no se transmitiría. Lo que explica Marion es que la búsqueda de la justicia lo único que hace es perpetuar el mal y darle al inocente un rol de culpable. 

La venganza: un inocente pretendido se convierte con título justo en un inocente culpable al transferir su sufrimiento sobre un inocente presumido que, inmediatamente, al querer vengarse, se convierte en un culpable. (Marion, p 20) 

Por tanto, debemos entender que la justicia no se da en hacerle un mal a aquel que nos lo hizo, sino perdonarle y procurar amarlo, sin convertirnos nosotros mismos en culpables. Nuevamente, recurro a la película de Dogville para explicar como el personaje al personaje de Grace se le trasgrede de maneras inimaginables y ella jamás clama por un castigo que mengüe el sufrimiento que ella puede tener. Grace asume el mal que le han hecho, lo perdona y lo devuelve con todo el amor, respecto y devoción posible. Esta acción lo que hace es cortar el mal, porque además hemos de ser consientes que el sufrimiento del culpable no elimina el sufrimiento del inocente. Así, lo que Marion llama la lógica del mal  se ve arrancada de raíz y los culpables quedan como tales, pero los inocentes también. El mal que se hace no se debe devolver pretendiendo bajo es sufrimiento del otro resarcir el nuestro. La película muestra claramente esto (exceptuando la parte final). La verdadera justicia se dará cuando un hombre sea capaz de perdonar a uno que le hizo mal y no buscar una venganza como recompensa.  Entendemos entonces que el mal se perpetúa gracias a un falso deseo de justicia. 

Aún queda algo por aclarar, hemos dicho que la caridad pretende el bien del otro, haciendo la persona caritativa todo lo que pueda por dar amor de la mejor forma posible. Entramos entonces en el problema de la moralidad de los actos. Entiendo yo que la normatividad moral parece ser confusa, ya que una ley moral en un lado puede ser la opuesta en otro. Pero a ello refiero que debe haber un sentido común que el amor refiera. Es decir, las personas con caridad saben distinguir un acto bueno de uno malo más allá de fronteras y límites, porque la dignidad humana se refiere siempre al hombre y el hombre es más universal de lo que su cultura la dicta. Así, me parece que el fundamento ético puede tener ciertos preceptos morales que sea de carácter universal. De no ser así recurro a lo que Marion postula: 

Es moral el acto que acepta la ilusión de serlo y que paga el precio por ello como si no se tratase de una ilusión. Es moral el acto que cree en su moralidad sin exigir al respecto visión clara. (Marion, 59) 

Ahora bien, habiendo llegado al final de este ensayo no nos queda más que de nuevo reiterar que la mayor virtud que puede tener un hombre es el amor que se desdobla en la caridad y que es capaz de traspasar las mismas barreras que la humaneidad nos impone. La caridad se impone al hombre como algo que parece superarlo, pero que es alcanzable si buscamos dentro esa gracia que tenemos en potencia y que se encuentra libre para salir y ejercitarse. Debemos entender que el amor al otro puede llevarnos a situaciones límite, pero que no hay algo que nos impida seguir amando a pesar del sufrimiento vivido. Me parece que la caridad y el amor mismo es uno de los retos más grandes que se la impone al hombre. Y como dije en un principio no me parece que este tema, aunque ha sido tocado de manera más intensa por la religión católica, le pertenezca únicamente a ella. El tema del amor es universal, como universal debe ser la caridad. En el mundo actual, globalizado, racionalizado e individualizado la caridad responde con todo ímpetu. Desafortunadamente parece que su grito se desvanece en la comunicación vacía y en el amor sólo a sí mismo que el hombre demuestra.  Se pide amar sin ser amado, dar sin recibir, escuchar sin ser escuchado, entender sin ser entendido… y lo único que se recibe a cambio es creer que se está haciendo lo correcto. 

Si yo hablare las lenguas de hombres y de Ángeles, y no tuviera caridad, soy como un metal que suena o campana que retiñe.

Y si tuviere profecía, y supiere todos los misterios, y cuanto se puede saber: y si tuviese toda la fe, de manera que traspasase los montes, y no tuviere caridad, nada soy.

Y si distribuyere todos mis bienes en dar de comer a pobres, y si entregar mi cuerpo para ser quemado, y no tuviere caridad, nada me aprovecha. (I Cor XIII, 1-3).

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